lunes, 31 de octubre de 2011
Cómo pasar de la obligación al disfrute con un sencillo gesto
¡Qué interesante y bonito concepto! me dije.
Y es que, no es lo mismo ir a hacer la compra de la semana pensando: “qué rollo, una obligación más, a ver si hay poca gente y acabo pronto…” a ir con la conciencia de que al hacer la compra para tu familia y para ti estás llevando alegría y felicidad a tu hogar.
Definitivamente, no es lo mismo hacerlo bajo un prisma u otro.
El acto es el mismo: hacer la compra. Pero desde dónde lo haces, qué pensamientos te acompañan antes y mientras lo haces, es decir, con qué conciencia lo realizas es clave y marca una gran diferencia.
Según pienses de una manera (obligación) u otra (disfrute), ese acto cotidiano y necesario puede resultar una actividad aburrida y agotadora en sí o se puede convertir en algo especial, que disfrutas haciendo y que al realizarla estás contribuyendo a subir el nivel de alegría y felicidad para ti y los tuyos.
Afecta en 3 momentos: antes, durante, y después
Antes: pues te ayuda a motivarte para ir a hacer la compra desde una perspectiva más positiva.
Durante: porque influye positivamente en tu ánimo mientras lo haces, e incluso, puede que hasta lo disfrutes.
Después: porque el resultado de una compra con esa conciencia seguro es más positiva, pues los alimentos no serán algo más que hay que adquirir, sino algo que te va a aportar “alegría y felicidad” al guardarlos en el frigorífico, prepararlos, al comerlos,…
Creemos que el bienestar es algo complicado de alcanzar o que depende de lo externo, cuando en muchos casos, está en nuestras manos darnos un poquito cada día a través de estos pequeños pero poderosos gestos que nos nutren.
La posibilidad de sentirnos un poco mejor, en muchas ocasiones, depende de nosotros.
Esta estrategia de dar un sentido más amplio y positivo a nuestras acciones diarias, se puede trasladar a cualquier actividad que realices: tu cuidado personal, ir a trabajar, ordenar tu casa… ¿Crees que es posible?
Ana Molina
viernes, 28 de octubre de 2011
Alégrate el día a ti mismo, crea tu lista de victorias
Hace un tiempo que revisando mis objetivos, me decidí a plantarle cara a mis miedos y poner en mi papel el objetivo que hasta ahora no ponía pero que pensaba con todas mis fuerzas: “Mi objetivo número 1 es ser feliz”.
Esto es a la vez inspirador e inquietante. Porque, aunque por fin afrontaba seriamente mi necesidad número 1, ésta es tan inmensa que no sabía por dónde cogerla. Además en seguida entraba mi conciencia a leer fríamente ese papel y juzgarme con pensamientos como: “Iago, en algún momento te pasaste de organizativo a soñador”.
Pero no fue así. Gracias a darme un corto margen de confianza intenté entender cómo funciona esto de la felicidad y saqué la que hasta ahora es una de las conclusiones más sólidas que he deducido jamás (¡y eso que viene de mi “yo soñador”!):
Deduje lo siguiente: Uno de los factores clave de la felicidad es la memoria.
La importancia de la memoria
Encantado con mi resultado y su simplicidad le pasé la mano al “yo frío y calculador” de nuevo. El modelo parecía coherente, así que sólo sacaría algo en limpio si conseguía explotarlo.
Soy capaz de entender que soy más feliz cuanto más frescas tengo en la memoria las buenas noticias y menos feliz cuando lo más reciente es algo malo. Cuando me olvido de todo simplemente tiendo a un estado neutro en el que nada en particular afecta mi estado de ánimo.
Estas conclusiones me gustaban porque respondían igual que la felicidad real, así que mi modelo daba buenas señales. Era capaz de explicar por qué soy feliz cuando mi equipo mete un gol pero dos horas después del partido (¡si nada me lo recuerda!) ese gol ya no me influencia.
Así que para mí la felicidad es algo así:
Los picos son más agudos cuanto más importante es la noticia que recibo y son tanto positivos o negativos dependiendo de si son éxitos o fracasos.
Mi idea es la siguiente. Cuando tenga un fracaso dejaré que la memoria haga su trabajo olvidándolo con el tiempo, mientras que cuando tenga una victoria intentaré retener toda la felicidad que pueda para siempre ir aumentando. Mi nuevo esquema de la felicidad tendría esta forma:
jueves, 27 de octubre de 2011
Cómo reaccionar cuando tus propios proyectos ya no te motivan
A veces simplemente la motivación inicial se diluye y nos inunda el derrotismo incluso cuando estamos luchando por nuestros propios objetivos. Aquí hay ciertas cuestiones que lejos de ser filosofía barata deberías pararte en ellas al menos una vez y tener las conclusiones bien claras y grabadas en la memoria para cuando haga falta tomar decisiones de verdad.
1. Revisión de objetivos: algo ha cambiado
Si atraviesas mínimamente un estado similar deberías tener la capacidad de reaccionar. Para ello periódicamente, y en la escala que mejor se te adapte (semanal, mensual, anual) deberías revisar tus objetivos.
Un pensamiento bastante generalizado en la actualidad es el de trabajar para en un futuro haber alcanzado resultados y esto es en todos los niveles completamente erróneo.
Si realmente quieres sacar grandes proyectos adelante porque te consideras un emprendedor, entonces lo que te gusta es emprender. Dicho de otro modo: en cuanto termines con tu objetivo actual buscarás de inmediato el siguiente. Así que si te consideras emprendedor y quieres un consejo: “No vale más la satisfacción del futuro que la satisfacción actual”.
2. Luchar por viejas ideas: reoriéntate
También se puede perder la motivación cuando te inunda la sensación de estar luchando por viejas ideas. Como si ya no fuesen tuyas o el proyecto que desarrollas actualmente, incluso terminado, no tendría el efecto deseado.
¿Es esto un fracaso? ¿Si el proyecto no se acaba significa eso que no valgo para esto? ¡Para nada! Recuerda la motivación que tenías cuando lo empezaste y cómo te realizaba el hecho de estar dando los primeros pasos. Al principio no percibías ese mismo proyecto como lo percibes ahora, de ahí el problema.
Puede que no hayas fundado una gran empresa como esperabas o que tu idea se desplome en cuanto tú te vayas pero, una vez más, lo que necesitas no es llegar al final de la carrera sinoser capaz de disfrutar a cada metro. Así que si tus proyectos dan sus frutos mientras los trabajas estarás en el camino correcto tanto si llegan a completarse como si no.
Si tu ambición se transforma en las cadenas de las que huías cuando empezaste con tu proyecto, reorientar tus objetivos será la opción correcta. Y eso pasa inexcusablemente por ser capaz de admitirlo llegado el momento.
miércoles, 26 de octubre de 2011
La Importancia del Hábito
Todos tenemos nuestra propia “rutina” que en repetidas ocasiones hacemos sin tener que pensar en ello. Cuando te levantas por la mañana y te cepillas los dientes, sin concentrarte en los movimientos que realizas. Cuando amarras tus zapatos, vas al trabajo, abres la puerta, lo haces automáticamente.
Realmente hacemos muy pocas elecciones. Realizamos repetidamente ciertas acciones y después de algún tiempo estas se vuelven automáticas. Se convierte en un hábito y se convierte en activo en las circunstancias adecuadas, sin tener que pensar en ello.
Las acciones más fáciles de ralizar para nosotros son las que se convierten en hábitos.
¡Nos convertimos en lo que en repetidamente hacemos!
La forma más fácil de alcanzar sus deseos es hacer un hábito las acciones que debe tomar para hacer que tus deseos se conviertan en realidad.
Imagine lo que podría hacer y cómo su vida cambiaría si usted desarrollara los hábitos correctos.
• Tener un cuerpo sexy, musculoso o no significaría forzarte a ir al gimnasio tres veces a la semana.
• Llegar a su peso ideal sin tener que aguantar hambre.
• Encontrar tiempo para trabajar en su objetivo, no significa sacrificar el de su familia.
• Alcanzar su libertad financiera no significa tener que trabajar 80 horas a la semana.
• Convertirse en un conquistador de metas no requieren que usted tenga voluntad de hierro o determinación implacable.
Todo lo que tienes que hacer si quieres tener éxito, es desarrollar hábitos (comportamientos que se vuelven automáticos después de algún tiempo) que traigan el éxito. ¡Tan simple como eso!
Un artículo publicado en Secretos de Prosperidad
martes, 25 de octubre de 2011
La Razón de Por Qué no Logras tus Metas
La semana pasada, di una teleconferencia gratis de mi serie Transforma tu Vida y tus Ingresos. En ella, hablé del tema de las metas y las razones de por qué muchos empresarios no las logran y, como yo, al no tenerlas, dejaba dinero en la mesa.
Cuando en el 2008 regresé al negocio, me propuse metas, pero no las lograba. ¿Qué estaba pasando? Yo hacía lo que decían los libros. Me proponía metas, hacía lo que tenía que hacer a diario, pero aun así no las alcanzaba. ¿Qué estaba haciendo mal?
Pero todo cambió…
¡Ahora feliz marcho segura hacia mis metas y las alcanzo! ¿Qué hice diferente? Y mejor aún, ¿qué puedes hacer ahora para que tú también las logres? Pues sigue leyendo para que aprendas la razón de por qué no logras tus metas y mi estrategia para que hagas realidad todas tus metas financieras y personales.
La Razón de Por Qué No Logras tus Metas
¿Te has dado cuenta de que las personas planifican sus vacaciones mejor que sus vidas? Saben adónde irán, qué ponerse, cuándo llegarán y cuándo regresarán. Planifican en detalle sus vacaciones, pero, si les preguntas cómo lograrán una meta financiera, no tienen ni idea.
Es como manejar un auto sin rumbo. Te montas, le das al pedal y simplemente manejas, manejas y manejas más sin tener una meta específica. Es de locos esto, pero así lo hacen. Planifican sus vacaciones, pero no planifican sus metas.
¿Por qué sucede esto?
lunes, 24 de octubre de 2011
Cómo tratar con personas difíciles
Ya sea tu jefe, un compañero de trabajo, algún conocido o incluso un famliar, todos hemos tenido que enfrentarnos alguna vez a personas que, con su comportamiento, nos hacen sentir frustradas, irritadas o abrumadas.
En la mayoría de los casos no sabemos cómo tratar con ellos y hacemos lo que quieren, o simplemente les rehuimos, pensando que es la mejor forma de actuar. Las personas problemáticas cuentan con esa respuesta. Saben que con su actitud te desconciertan y te impiden actuar con eficacia, y eso es lo que hay que cambiar: tu respuesta a su actitud. Nada mejor para lograrlo que aprender de las personas que sí saben cómo lidiar con este tipo de personalidades complicadas.
Hace poco leí el libro "Cómo tratar con personas difíciles" de R. Bramson, donde comentan que, ya estemos hablando de personas hostiles, protestonas, demasiado complacientes, indecisas, pesimistas o sabelotodos, hay una serie de pautas que podemos utilizar para mejorar nuestro trato y eliminar la ansiedad que supone tratar con este tipo de personas. Lo importante es no cumplir con la respuesta que esperan de nosotros. Aunque hay distintos métodos para cada tipo de persona difícil (puedes encontrar mucha información más detallada en el libro), hay una serie de pasos en común que constituyen la base para salir airoso de un encuentro con una de estas personas (de hecho, estos cinco pasos se pueden aplicar a muchas más situaciones):
- 1. Analiza la situación (y tu actitud). ¿Es de verdad una persona problemática o es algo temporal debido a una situación particular? Todos nos comportamos de forma problemática en determinadas circunstancias, y eso no quiere decir que seamos personas difíciles. Si lo tomas así te estás complicando la vida tú misma. De hecho, las personas más difíciles de tratar son las que ven siempre a los demás como difíciles. Una persona difícil se comporta de forma difícil continuamente. Si no es así, puede que estés buscando una excusa a tus propios problemas, y en vez de solucionarlos le echas la culpa a los demás. Así que considera si esa persona se ha comportado así en al menos tres situaciones similares, si tu reacción es desproporcionada (quizá estás irritada con esa persona por otra causa o tienes algún prejuicio…), o si se podría solucionar con una simple conversación franca. En todos estos casos no estarías tratando con una persona difícil.
- 2. No intentes cambiar a la persona. Es muy frecuente querer que las personas cambien y que no se comporten como lo hacen, o que lo hagan como nosotros queremos, pero con eso no vas a arreglar nada. Culpar a otra persona y desear que cambie te hace perder el tiempo y sentirte frustrada porque, ¿sabes qué? No va a cambiar. Así que intenta asumir que esperar que una persona cambie mágicamente no va a suceder.
- 3. Distánciate de la conducta problemática. Con esto no quiero decir que huyas, sino que dejes a un lado (por difícil que parezca) la irritación, frustración y ganas de cambiar a esa persona y observes la situación fríamente, desde fuera; e incluso que te pongas en su lugar. Esa es la única manera en la que podrás entender las causas de su conducta y las pautas de su comportamiento, y así podrás decidir cómo actuar o responder. De otra forma serás incapaz de planear una estrategia y estarás respondiendo como esa persona espera.
- 4. Diseña un plan para arreglártelas. Una vez que has comprendido la conducta de la persona difícil es hora de idear una estrategia para salir airosa de la situación. Lo más importante es saber que en tu actitud reside la solución, que eres tú la que tiene que modificar cómo interaccionas. Lo más común es ponerse a la defensiva e incluso contraatacar, pero eso no da buenos resultados. En vez de tomarte a mal su actitud busca alternativas que te permitan salirte con las tuya. Por supuesto, la respuesta dependerá del tipo de persona problemática con la que estés. Por ejemplo con una persona hostil, avasalladora y ofensiva funciona mantenerte en tus trece (que no te vea como débil), darle tiempo a calmarse, conseguir que se siente y evitar los choques frontales. Por otro lado, con una persona que le encuentra fallos a todo y protesta por todo y todos sin hacer nada al respecto sería útil, entre otras cosas, escucharle y no mostrarse de acuerdo ni disculparse. Puedes encontrar toda la información sobre los distintos tipos de personas difíciles en el libro que te mencioné antes.
- 5. Ponlo en práctica. Por supuesto tienes que elegir el momento oportuno, decidir cuándo tienes el tiempo y energía necesarios (porque los vas a necesitar) y tener en cuenta que la persona no esté pasando por una situación estresante. Puedes practicar antes en tu casa. Después, comprueba la eficacia de tu estrategia y haz modificaciones si es necesario.
Aun así algunas veces no hay manera de interaccionar con esa persona con normalidad. En ese caso, no hay más remedio que distanciarte lo máximo posible, aunque eso implique cambiar de puesto de trabajo. Por supuesto eso conllevará muchas molestias y estrés pero es tu elección. A veces es peor soportar a la persona en cuestión. Por eso es conveniente saber como tratar con estas personas para no tener que recurrir a medidas desesperadas. Para más información te vuelvo a remitir al libro ”Cómo tratar con personas difíciles” de R. Bramson.
Un artículo de Aida Baida Gil
jueves, 20 de octubre de 2011
Ser narcisista ayuda en los negocios
Los narcisistas tienen la suficiente energía y empuje, a partir de un irreductible amor a sí mismo, para convencer a los demás de lo idóneo de sus ideas (aunque un análisis atento las encontraría ridículas).
Los narcisistas necesitan constantemente llamar la atención hacia sí mismos, y eso les obliga a probarse constantemente, mediante retos y competencias.
Todo ello se desprende una investigación realzada por los sicólogos Jack Goncalo y Sharon Kim (Cornell University), y Francis Flynn (Stanford University). El estudio consistió en comparar la capacidad de persuación de 76 personas, algunas de ellas marcadas como narcistas (a través de un prueba- el Narcissistic Personality Inventory). Se trataba de que estas personas vendieran la idea, muy común, de una película tópica.
Se reveló que aquellos marcados como narcisistas gozaron de un 50% más de eficiencia en persuadir que aquellos que no lo eran.
De hecho, no había una gran diferencia entre las estrategias y las ideas de los narcisistas y los no narcisistas. La diferencia estribó en que los narcisistas defendieron sus puntos con más entusiasmo, encanto y perseverancia.
He ahí una buena idea para dar un beso al espejo todas las mañanas.
Fuente | Science
Un artículo publiado en Inversores