viernes, 18 de enero de 2019

5 Estrategias de engaño para aumentar nuestra productividad

Siempre hemos escuchado que no es bueno engañarse a uno mismo… o tal vez sí. Porque hay determinados momentos en el trabajo en los que la mente está en nuestra contra y nos inmoviliza en forma de bloqueo productivo. Sin embargo, hay unas cuantas fórmulas para esquivarla y terminar las tareas.

La gran mayoría de los bloqueos productivos que padeces son ficticios. Es tu mente la que, actuando como una “sucia mentirosa”, tiende a magnificar y distorsionar el trabajo o la tarea que tienes delante. Esgrime toda una batería de argumentos en contra, o bien uno solo tan apabullante que lo único que te hace hacer es darle vueltas a las cosas en lugar de hacerlas. Si no, fíjate por ejemplo en estos dos clásicos casos:

  • Procrastinación a la vista: «Uff, ¿tener que hacer eso ahora? Es un montón y no me apetece. Mejor lo dejo para mañana, seguro que lo termino».
  • Lista de tareas kilométrica: «Uff, tengo un millón de cosas qué hacer. No voy a poder con todo… ¿por dónde empiezo?»
Al final, sea tu mente o tú (sois lo mismo), te engañas, te bloqueas, no avanzas PERO el trabajo sigue delante, esperando por ti. Y recuerda algo que a mí siempre me ayuda a actuar: «El trabajo siempre espera hasta que yo no llegue».

Estrategias de engaño para hacer

Soy argumentos o frases que te dices a ti mismo como forma de superar un bloqueo productivo ficticio o exagerado. Si tu mente te invita a quedarte parado o mirar para otro lado, tú contraatacas con otro argumento que te hace verlo de otro modo. Ese argumento cambia tu punto de vista. De forma que simplifica la situación, resta dramatismo, te anima y te empuja a empezar y a hacer. Porque en esos bloqueos, lo único, lo único que necesitas es arrancar. Cuenta el primer gesto.
Pereza o desgana
Síntoma: Te enfrentas a una tarea que no te apetece en ese momento. Estás a un paso de posponerla para mañana o la semana que viene. La Procrastinación llama a la puerta.
Estrategia: «No me apetece hacerla entera pero al menos sí que puedo hacer un trocito. Voy a trabajar en ella sólo 10 minutos. Aunque no me apetece nada, total 10 minutos no es nada. De hecho casi me he pasado cinco minutos dudando si hacerla o no. Venga, 10 minutos, luego paro y veo qué tal».
Indecisión
Síntoma: Te han encargado una tarea pero no tienes muy claro cómo hacerla, por dónde empezar o a dónde quieres llegar. La has retrasado reiteradamente y sigues mirándola de reojo sin saber si empezar o cómo hacerlo.
Estrategia: «Sigo sin tenerlo claro pero al menos voy a abrir la aplicación. Empezaré sólo anotando lo que me han pedido, algunas ideas generales en forma de frases y luego hago un diagrama o un mapa mental para organizarlo. Eso sí que puedo hacerlo».
Inbox a rebosar
Síntoma: Abres tu aplicación de correo y tu Bandeja de Entrada está a tope (como un centro comercial en rebajas). Desesperación e indecisión. No sabes por dónde tirar o qué hacer.
Estrategia: «Voy a hacer una lectura rápida pero sólo contestaré a los imprescindibles. No pasa nada si dejo emails sin contestar hasta la tarde. No todos los emails son iguales. Responderé a los 5-8 importantes y volveré a mi lista de tareas para hacer trabajo de verdad».
Tareas complejas
Síntoma: La tarea que tienes delante es tan grande y exigente que te desanima. No sabes cómo meterle mano, por qué parte empezar o, si sencillamente serás capaz de terminarla. Y te quedas mirándola a ver si ella sola muta por sí misma.
Estrategia: «No tengo que empezar de principio a fin. No tengo que ir “de 1 a 10” o “de la A a la Z”. Voy a empezar por la parte más sencilla, la que me apetezca más o la que domine. Luego ya iré viendo».
Lista de tareas enorme
Síntoma: Hay tantas cosas que hacer por delante que la sola visión de tu lista te bloquea y te desanima. Algo que experimentamos especialmente los lunes.
Estrategia: «De mi lista de tareas voy a elegir sólo tres tareas y las voy a anotar en una nueva lista que llamaré la Lista B. A partir de este momento sólo tengo que hacer esas tres cosas. Primero una, luego otra y después la tercera. Al terminar elegiré otras tres».
Son estrategias de “engaño” porque sirven para burlar a una mente bloqueada. El denominador común de todas estas estrategias es cambiar tu punto de vista para encontrar la chispa que tire de ti para empezar… y terminar. Porque en estos bloqueos mentales (que no productivos) lo único que necesitas es el primer impulso.

Un artículo escrito por Berto Pena

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