viernes, 9 de noviembre de 2018

El mapa de ruta: la importancia de tener un proyecto de vida

Una interpretación frecuente de la felicidad es aquella que se hace en términos de emociones positivas y optimismo. Existe una imagen mental generalizada de que la felicidad depende de lo presente que esté el placer y lo ausente que estén las emociones negativas. Pero este es solo un modelo y no funciona en todos los casos. Ir más allá y generar un proyecto de vida es la manera que encuentran muchas personas para ser felices.

La percepción del bienestar tiene más que ver con llevar una vida significativa, una vida con sentido y con un propósito real que con una vida placentera. Nuestra sociedad nos presenta un plan de felicidad muy asociado al consumo, a un poder adquisitivo que en muchos casos se consigue a través de un montón de horas en un trabajo no demasiado agradecido.


Sentir la emoción de vivir puede resultar algo poético, pero en realidad es la base de una vida con significado. Se trata de conseguir trascender como persona y levantarte por las mañanas motivado para enfrentar el día.

El experto en educación e inteligencia artificial David Perkins hacía referencia a la condición por la que el ser humano está condenado al auto diseño. Para ello se debe descubrir el sentido de la vida y la razón por la que se existe, más allá de por el mero hecho de estar aquí.

En realidad, todo el mundo tiene un plan de vida. Lo que ocurre es que no cualquier plan constituye un proyecto de vida. Las personas crean sus planes en base al entorno donde habitan, en las experiencias pasadas, los aprendizajes adquiridos, las expectativas y las creencias y todo junto va creando un plan.

La profesora de psicología Llian R. Daset, de la Universidad Católica de Uruguay, lo compara con aquellos libros a los que les faltan hojas o tienen capítulos incompletos. Pero incompleto o no, ese plan termina siendo el eje de nuestras vidas. Así podríamos pensar cómo muchas personas terminan siendo hojas a merced del viento.

Reconocer cuáles son los motivos para vivir y los elementos que renuevan o actualizan nuestro impulso vital es el principio de un proyecto de vida con sentido. Reflexionar sobre los valores y los principios que nos hacen sentirnos bien y determinar si nuestra manera de actuar está en consonancia con ellos.

Descubrir el propósito de vida también va de la mano con identificar las pasiones que nos mueven por dentro. Realizar una actividad que nos haga sentir completos, en buena medida, nos permite descubrir lo que es importante y esencial para cada uno.

Cuando se crea un proyecto de vida significativa se está, de algún modo, reconstruyendo la propia identidad. Implica una toma de decisiones importante y un compromiso profundo con el desarrollo personal. Decidir el propio destino y alcanzar el máximo potencial como persona es el objetivo de fondo en el que se enmarca cualquier proyecto de vida.

Es importante entender la propia historia personal, las experiencias y aprendizajes que han ido dando forma a la persona actual y que ayudan a entender el presente y a preparar el futuro. Trabajar en los datos autobiográficos es una excelente manera de poner los eventos pasados en perspectiva.

Se debe trabajar también en el reconocimiento de las propias fortalezas y de las debilidades. Analizar el entorno social y las oportunidades que pueda brindar. Estos son recursos que facilitan entender dónde se debe mejorar y dónde encauzar los esfuerzos.

Por otro lado, conocer y entender la misión personal es indispensable para crear un proyecto de vida en el que quepan tantos desafíos como fortalezas. Además, es importante alcanzar una cierta alineación entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, de manera que la disonancia no nos torture. Tener un proyecto de vida facilita una labor: la de separar aquello que importa de lo que es prescindible.

Sonia Budner

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